Texto publicado en la hoja de sala de la exposición individual de Juan Cabrer, “Materia sensible” en el centro de arte ANDRATX, Mallorca.

La obra de Juan Cabrer nos habla de vida y lenguaje desde una sana preocupación que intuimos poética a la vez que de un rigor casi científico. En nuestra inevitable búsqueda de referencias tangibles, la obra de Cabrer nos revela fragmentos de cosmos imposibles y superficies pictóricas que nos evocan a cartografías territoriales y digitales, siempre manteniendo la brecha abierta del conflicto entre superficies. Hibridando grietas, vacíos contrapuestos a abundante materia, series únicas derivadas de la repetición de variaciones...sus pinturas nos hablan de la ilusión digital, un mundo rico de relatos que se plasman en el analógico mundo de la tela.
Las capas, los sedimentos, la observación casi microscópica del detalle, la intuición bajo la que se encuentra agazapado un orden invisible pero latente nos desvela una obra que escapa al control. Generando sensaciones sinestésicas, provocadas por la vibración que tanto hace sonar Cabrer en sus composiciones, nos muestra el impulso de investigar algo aparentemente sencillo: la propia superficie. Y es que la metáfora de hallar lo que se esconde bajo la superficie nos acompaña en el caso de Cabrer, puesto que no es una pintura desnuda, sino el fruto de una aproximación desmesurada, un detalle, un zoom que nos acerca más allá de la apariencia de lo que vemos.
Sus pinturas nos invitan a ver lo que se presenta, pero a percibir que bajo lo que podemos nombrar efectos se encuentra algo que lo trasciende: un orden bien guardado bajo misterio, cuyo código de acceso tenemos que adivinar tras recorrer esos lugares que el artista nos propone transitar. Los trucos visuales se formulan en algunas de sus obras, dotando a su pintura de un aire lúdico, donde podemos pensar en escáners, radiografías, superficies gelatinosas que evocan a la vida que el científico estudia bajo su inescrutable mirada, en energía y movimiento.
Como espectador, uno se funde con las retículas y módulos que se mezclan orgánicamente, captando lo sensible de la materia. Y es que la pintura es materia sensible. Juan Cabrer experimenta y conoce que tras cada color se da una vibración que nos punza.

Mercedes Mangrane
Mayo 2014